CUENTOS Y MÁS
Cuando me da por la ficción...
Claustrofobia
¡Cómo no amarte Buenos Aires si sos la forma de saber quién soy!
Hoy escribo porque siempre me gustó y la vida no me permitió hacerlo. Un día encontré el tiempo y descubrí que siempre hay algo para contar.
Si logro que el lector se emocione, se asombre, sonría o se quede pensando habré logrado el objetivo.
Instagram: @osvaldoevillalba
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Amor a primera vista
¡Cómo no amarte Buenos Aires si sos la forma de saber quién soy!
Hoy escribo porque siempre me gustó y la vida no me permitió hacerlo. Un día encontré el tiempo y descubrí que siempre hay algo para contar.
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Probation
Si das la luz para
encender la vida
de tu hermano,
en ti brillará más
esplendorosa.
Albert Schweitzer
—Hola amor, ¿pudiste verlo?
—No, no. No me dejaron. Pero dice el médico que está bien, sin fiebre ni complicaciones respiratorias. Me permitió dejarle el celular. Así que vamos a llamarlo.
—Yo le dije que no fuera más a ese comedor. Que su probation ya se había cumplido, pero no me hace caso —dice ella sollozando.
—Ahí está —Raúl conecta la videollamada—. Facu. ¿Cómo estás? Aquí está mami.
—Hola pa, hola ma. ¿Cómo están ustedes? Yo mejor, casi no tengo tos. Menos mal que dejaste el celu, pa, porque estaba reaburrido. Ya me comuniqué con los chicos del comedor.
—¿Vas a seguir yendo, Facu? —pregunta Celia—. Allí te contagiaste.
—Puede ser ma —responde Facundo con una sonrisa—. Pero si seguía corriendo picadas me podía contagiar igual. Esta sentencia cambió mi perspectiva. Nosotros somos privilegiados. Nunca pasamos hambre. No sabés qué cariñosos son los pibes que venían al comedor antes de la pandemia. Ahora viene alguien de la casa a llevarse la vianda, pero ya va a pasar.
Osvaldo Villalba
01/09/2020
Nota del Autor
Este microrrelato fue creado a solicitud de la Fundación Madre Tierra, de la localidad de Morón. La Fundación publicó el libro EL AMOR EN TIEMPOS DE PANDEMIA, para lo cual convocó a varios escritores a que participen con relatos o poemas, entre los cuales tuve el privilegio de estar.
Para la publicación en mi blog se agregaron la foto y el epígrafe.
¡Cómo no amarte Buenos Aires si sos la forma de saber quién soy!
Hoy escribo porque siempre me gustó y la vida no me permitió hacerlo. Un día encontré el tiempo y descubrí que siempre hay algo para contar.
Si logro que el lector se emocione, se asombre, sonría o se quede pensando habré logrado el objetivo.
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Cuando el sueño se transforma en pesadilla
La curiosidad no sólo mata a los gatos.
"La muerte del comendador I"
(2017) Haruki Murakami
Lunes 18,05 hs
—¿Te quedás, Romina?
La pregunta de Sol la sobresalta.
—Sí, sí. Quiero terminar de revisar unos archivos —miente.
—Mirá que acá no pagan horas extras ¿eh? —le dice Sol con tono burlón.
—Sí, lo sé. No me voy a quedar mucho —Romina busca terminar el diálogo.
—Bueno chau, hasta mañana —Sol se va.
Romina tiene la impresión que hay algo raro en esta empresa. No es normal que en una compañía que tiene un piso en una de las torres Catalina la hayan entrevistado por zoom desde una computadora en un box adjunto a la recepción. Tampoco que el lugar de trabajo que le asignaron sea un departamento de dos ambientes sobre la calle Maipú al 200 sin ninguna identificación. Allí trabajan solamente Sol y ella. Lleva tres meses en el lugar y su compañera seis meses más según le contó. A Sol no parece importarle, con tal que le acrediten el sueldo pactado a fin de mes. Lo que le costó conseguir empleo hace que todo eso pierda importancia. El trabajo de ambas consiste en digitalizar los comprobantes, archivados en biblioratos, que entrega un cadete todas las mañanas, subirlas a un pendrive que trae con ellos y se lleva los procesados y el pendrive del día anterior. Luego deben borrar las carpetas que usaron provisoriamente de las computadoras hasta que la carpeta "Mis documentos" quede vacía. Ese es todo el contacto que tienen con otros empleados de la firma.
Pero lo que más le pareció anormal es la carpeta oculta que encontró en el pendrive que trajeron esta mañana con los biblioratos. Ella fue la primera que conectó el pendrive a su PC y el antivirus de la máquina le advirtió de la misma apenas instalado. Pensó en comentarlo con Sol pero prefirió primero ver que había adentro. Entonces, la bajó a la PC y dudó si borrarla del dispositivo. Prefirió dejarlo como vino. Como su compañera no hizo ningún comentario no sabe si ella la encontró o, si lo hizo, la razón para no mencionarlo.
Ahora, sola, la sube a su celular y limpia la computadora. Después, en su casa, la revisará.
***
Martes 07,30 hs
Anoche, Romina no pudo dormir. No podía sacarse de la mente el informe que encontró. Ni siquiera se animó a contarle a Fabián, su novio. Llevan dos años conviviendo. Es economista y trabaja para una consultora. Ahora que ella consiguió trabajo tienen el sueño de mudarse a un departamento más grande.
Cuando empezó a salir con él acordaron que se contarían todo. Nada de secretos. Pero ahora no tiene claro que hacer. Teme involucrarlo.
Se está preparando para ir a trabajar cuando recibe un mensaje de Sol que le comunica que hoy la empresa declaró asueto por duelo debido a la muerte accidental de un empleado. Le pregunta qué pasó pero ella le responde que no tiene más información.
***
Miércoles 17,55 hs
Esta mañana llegó temprano, encendió su PC y apareció una frase en la pantalla que la dejó temblando:
CURIOSITY KILLED THE CAT
Cuando llegó Sol se fijó disimuladamente si al encender su PC le aparecía alguna leyenda. Nada. La foto de siempre. ¿Debería comentarle? ¿Sabría lo que pasaba? Decidió esperar.
Llegó el cadete con la tarea del día y todo siguió normal. Igual, le costó mucho durante todo el día concentrarse en su trabajo..
Ahora ya está lista para irse.
—¡Eh, que apurada! —comenta Sol— ¿Tenés velada romántica hoy?
Romina sonríe. No recuerda cuando fue la última vez que sonrió.
—No, no. Ya la tuve el fin de semana. Sólo quiero ir a dormir.
Cuando sale a la calle, antes de caminar hacia Corrientes para tomar el subte, mira alrededor sin tener claro para qué. Tiene la sensación que la están acechando.
En la estación Florida hay mucha gente en el andén. Todos le parecen sospechosos. Deja pasar el primer subte para ver si alguien se queda en la estación. Cuando la formación arranca sólo se queda una señora que no pudo subir. No parece peligrosa.
Baja en Malabia y camina hacia su departamento sobre Luis María Drago. Cuando está por entrar a su edificio nota una camioneta con vidrios polarizados que pasa despacio. No puede insertar la llave por el temblor en su mano. Cuando logra abrir entra corriendo hacia los ascensores. Al entrar en su departamento se queda recostada sobre la puerta de entrada.
—¿Qué pasa mi amor? —pregunta Fabián al ver que está llorando.
Corre a sus brazos y da rienda suelta a su angustia. Poco a poco se va calmando. Entre hipados de sollozos le dice:
—Tengo miedo, mirá lo que encontré en un archivo oculto.
Saca su celular, busca el archivo en su nube y se lo muestra.
Fabián abre el PDF y lee en silencio.
"Parte 1
Informes de cinco clientes a los que se le digitalizan comprobantes, todos provenientes de locales bailables del conurbano.
Parte 2
Análisis de las sociedades propietarias y sus conexiones entre sí, con empresas fantasmas para dificultar su seguimiento. De estas cadenas de sociedades también participa esta empresa.
Parte 3
Catálogos de fotos de "bailarinas" que prestan servicios en los locales bailables, muchas de ellas con apariencia de menores.
Parte 4
Análisis de las facturas de digitalización de comprobantes a estos locales bailables, comparadas con los precios de mercado, evidenciando una maniobra de lavado de dinero."
—Esto es una bomba, Romi. Tenés que salir de ahí antes que descubran que lo tenés.
—Creo que es tarde Fabi, ya me descubrieron. Esta mañana en mi compu pusieron un texto de inicio que decía curiosity killed the cat. Y creo que al llegar aquí me estaban siguiendo.
—¿Tu compañera lo sabe?
—No, no le dije nada. No la conozco mucho.
—Bueno, ahora cenamos y vamos a dormir. Mañana vemos que hacer —dice Fabián.
***
Jueves 06,15 hs
La notificación de mensaje de su celular la despierta. Es un mensaje de voz de Sol
—Hola Romi, voy a llegar más tarde. Me surgió un tema complicado que después te cuento.
Le manda un emoji de pulgar arriba y le hace escuchar el audio a Fabián que también se despertó.
—Tranquila, yo te acompaño. Me llevo la laptop y trabajo desde tu oficina.
Dos horas después están ambos trabajando en sus máquinas. El cadete vino temprano y dejó la tarea para hoy. Ambos están concentrados en sus ocupaciones cuando escuchan llaves girar en la cerradura de la puerta de entrada.
—Ahí llegó Sol —dice Romina.
—Quietitos donde están —grita una voz ronca—, las manos arriba del escritorio donde pueda verlas.
Dos tipos con barbijos y buzos con capucha sobre gorras deportivas entran y rápidamente se ubican dominando todo el ambiente.
—Ah, te viniste con guardaespaldas, turrita —dice el otro—, igual no te va a servir.
Éste es bajo y corpulento a diferencia del primero que es alto y flaco. Ambos portan pistolas automáticas.
—¿Qué quieren? No tenemos nada de valor aquí.
—No te hagas la inocente. Sabés bien qué queremos —dice el flaco—. Tu socio, el que te mandó el archivo, tampoco sabía. Lástima que se cayó por las escaleras y se rompió el cuello.
—No sabemos de qué estás hablando —interviene Fabián.
—Vos, calladito la boca —le dice el petiso poniéndole la pistola en la cabeza—, tu función se terminó.
—Es cierto —Romina comienza a llorar—, no entendemos qué quieren. Ni de qué socio hablás.
—No ofendas mi inteligencia, por favor —interrumpe el flaco—. ¿O no sabés que lo que procesás en una computadora, aunque lo borres, se puede rastrear? El archivo fue bajado en la tuya. Ahora me vas a decir quién, además de este salame, sabe de él. Y pronto que mi compañero está ansioso por decorar la pared con sus sesos.
Una sensación de mareo la invade. Llora desconsoladamente. No puede creer que le esté pasando esto. ¿Se acaba todo acá? Fabián no debería estar involucrado. Es por su culpa.
Un estruendo interrumpe la escena. La puerta se abre violentamente haciendo saltar la cerradura.
—Todos al suelo. Las manos en la nuca —grita con voz potente el hombre al mando mientras un grupo de uniformados con chalecos antibalas y armas largas toman posesión del lugar.
Los dos intrusos sueltan las armas y se acuestan boca abajo mientras los efectivos los reducen.
—Romi, ¿estás bien? —pregunta Sol ante la sorpresa de la aludida, al verla con chaleco y portando una pistola.
—Muerta de miedo. No entiendo nada —responde Romina, entre sollozos, mientras se abraza a Fabián—. ¿Por qué no me dijiste que eras policía?
—No podía. Estábamos en el momento más crítico de la investigación y no teníamos antecedentes tuyos, sobre todo sabiendo que estos tipos tienen conexiones policiales—Sol apoya su mano en el brazo de Romina—. Mirá, terminamos el operativo y vamos a tomar algo. Allí te cuento bien.
Romina asiente con la cabeza.
***
Jueves 13,30 hs
Pasado el mediodía, después de clausurar la oficina los efectivos se retiran dejando un agente de consigna.
Romina, Sol y Fabián se dirigen al bar de Diagonal y Maipú.
—Por favor, contame todo. Todavía no lo puedo creer —pide Romina después que el mozo sirve los cafés.
Sol toma un sorbo, respira hondo y comienza su relato.
—Esta investigación comenzó hace como un año. Intervinieron varios agentes encubiertos que se insertaron en los prostíbulos que funcionan bajo la pantalla de salones de baile. Ellos fueron juntando el material que viste y que reunía el agente que estaba infiltrado en la empresa central.
—Es terrible ver las fotos de las chicas que hacen trabajar. Y seguro que las tienen esclavizadas —comenta Fabián.
—Tal cual —asiente Sol—. Y hace seis o siete meses crearon la empresa de digitalización como pantalla para los ingresos y ahí entré yo. Me armaron una identidad y antecedentes para ingresar.
—Ah, entonces no sos Sol, ¿no? —pregunta Romina.
—No, claro. Pero sigan llamándome así. Se aceleró todo cuando descubrieron a mi compañero de la oficina central y... —Sol se quiebra.
—¿Fue cuando cerraron por duelo? —pregunta Romina.
—Sí. Y ese día vinieron a revisar las computadoras. Como habíamos instalado cámaras aquí, los vimos. Comenzaron por la tuya y como encontraron rastros, la mía ni la miraron. Pensaron que el contacto eras vos. Por eso los jefes ordenaron proceder de inmediato. Se realizaron allanamientos simultáneos en todos los locales y yo me quedé vigilando las cámaras con mi grupo porque sabía que vendrían por vos.
—¿Me usaste de carnada? —pregunta Romina con enojo.
—No exactamente. Aquí te estábamos vigilando. Si te avisaba que no vinieras, en tu casa, no teníamos forma de cuidarte.
—Sí, lo entiendo, pero me asusté muchísimo. Por los dos —Romina señala a Fabián—. La próxima vez que algo me cause curiosidad...
—No te vas a poder resistir —acota Fabián entre risas.
***
Jueves 21,30 hs
—La mudanza va tener que esperar —dice Romina mientras sirve la cena.
Fabián termina de poner la mesa y la abraza desde atrás.
—Tampoco tenemos urgencia, mi amor. Mañana me tomo el día y nos vamos el fin de semana a algún lado. Después, la próxima semana buscarás empleo otra vez. Y vamos viendo.
—OK. Acepto —Romina se da vuelta y lo abraza—. Pero le voy a pedir a Sol que me averigüe los antecedentes de cada posible empleador.
Osvaldo Villalba
01/05/2025
¡Cómo no amarte Buenos Aires si sos la forma de saber quién soy!
Hoy escribo porque siempre me gustó y la vida no me permitió hacerlo. Un día encontré el tiempo y descubrí que siempre hay algo para contar.
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El viejo
¡Cómo no amarte Buenos Aires si sos la forma de saber quién soy!
Hoy escribo porque siempre me gustó y la vida no me permitió hacerlo. Un día encontré el tiempo y descubrí que siempre hay algo para contar.
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El dueño
La lenta angustia del despido sin
explicaciones..., cuando el patrón
quiera reducir sus gastos generales.
"Viaje al fin de la noche" (1932)
Louis Ferdinand Céline
El anciano sale por la escalera mecánica de la estación Perú del subte. Camina con dificultad ayudado por un bastón que lleva en su mano derecha. Viste un saco sport azul, cruzado y un pantalón gris, tan antiguo en su corte como ajado por el uso. Sus zapatos, muy bien lustrados, muestran en sus arrugas los kilómetros recorridos.
Camina hacia la peatonal que le da nombre a la estación y dobla hacia Rivadavia. Apenas la cruza, transformada en Florida y antes de llegar a Diagonal Norte, comienza a escuchar el clásico "cambio, cambio" de los numerosos "arbolitos", que lo acompañará todo el trayecto.
Al llegar a Perón dobla hacia Maipú. Casi llegando a la esquina, sobre la vereda impar, se detiene en un pequeño restaurante. Lee el pizarrón que está en la vereda con el menú del día, junto a un par de mesas que, a esta hora del mediodía están ocupadas. Duda unos instantes y entra.
***
—¿Estás nervioso Ramón? —pregunta Enzo desde la abertura de la cocina mientras desliza el plato de milanesa a la napolitana con fritas en el mostrador para que lo retire el mozo.
—Sí, un poco —responde el bartender mientras le hace seña al mozo para que retire el plato—. Si bien el asturiano era un cabrón ya le conocíamos las mañas. Un nuevo patrón siempre es una incógnita.
—Y, sí —agrega Enzo—. Sumado a que el correntino se fue con él y no sabemos si el nuevo patrón traerá su propio encargado.
Se acerca el mozo a recoger el plato y sonríe al ver las caras de sus compañeros.
—Che. ¿Se murió alguien que tienen esa cara de velorio? —chicanea.
—Dale Paco. A vos todo te resbala porque ya estás cerca de jubilarte —responde Ramón—. Pero nosotros no nos podemos dar el lujo de quedarnos sin trabajo. Todavía tenemos hijos chicos.
—Tranqui muchachos. Sólo vendieron el fondo de comercio. Somos parte del paquete. No creo que el nuevo dueño se meta en líos de indemnizaciones y juicios sin antes vernos laburar —ahora su tono es cordial y logra que se aflojen.
—¡Ojalá no te equivoques! Ahí te llegó un cliente —responde Enzo al ver que ingresa un hombre con bastón caminando muy lento.
***
El anciano busca una mesa que esté alejada de la entrada y se decide por la que está contra la pared frente a la barra. Se sienta mirando hacia la puerta. Es una costumbre que tiene de las épocas difíciles de dictadura: nunca dar la espalda a la entrada, lejos de las ventanas y cerca de un mostrador que pueda servir de refugio. Sonríe. Por suerte hace años que ya no corre esos peligros pero no lo puede evitar. Revisa mensajes en WhatsApp y, al ver que se acerca el mozo sonriendo con la carta, guarda su celular en el bolsillo interior de su saco.
—¿Le dejo la carta, señor?
—Ubaldo, llámeme Ubaldo. Mi mamá decía “el Señor está en el cielo”. Bueno ella creía en eso.
—Perfecto Ubaldo. Soy Paco. ¿En qué lo puedo ayudar?
—Mucho gusto Paco. No sé si va a ser posible. Ocurre que salí apurado de mi casa y dejé mi billetera en otro saco. Sólo tengo quinientos pesos de cambio en el bolsillo del pantalón. ¿Qué puedo comer con eso?
—Aquí recibimos todas las tarjetas, Ubaldo. También puede pagar con QR desde el celular —argumenta el mozo.
—Es que las tarjetas estaban en mi billetera también. Y con el celular… Gracias que puedo responder mensajes —responde el anciano con una sonrisa.
Paco se atusa el espeso bigote mientras piensa qué responder. Con los valores de hoy, con ese dinero, no puede comer nada.
—Déjeme ver que puedo conseguir —le dice finalmente—. Voy a consultar con mis compañeros.
Se acerca a la barra donde Ramón y Enzo siguen charlando. Ya pasó la hora pico del mediodía y sólo quedan algunos comensales ocasionales. Los habituales, que trabajan en la zona y salen a almorzar ya se fueron o están terminando.
—Enzo, el viejo dice que tiene sólo quinientos pesos. ¿Qué le podemos servir con eso? —pregunta Paco.
—Un pan y una taza de agua caliente, si él se trae el saquito de té —responde serio el cocinero.
—¡No seas guacho! —Ramón no puede evitar la carcajada —. Hacele una milanesa con puré por lo menos.
—¡No puedo chabón! Tengo toda la mercadería inventariada. Eso nos pidió el abogado del nuevo dueño. Lo hicimos con el asturiano antes de que firmara en la escribanía. Si hasta marcó las botellas de los licores por donde estaba el contenido. Vos lo sabés bien, Ramón. ¿O no te pidió que tomaras nota de los tragos que sirvieras después para controlar con la rendición de la caja esta noche? —protesta Enzo.
—Tenés razón, tano —le dice Paco—. ¿Sabés qué? Anotámelo a mí. No me da la cara para decirle que no lo podemos atender.
—No, pará —interviene Ramón—. Lo pagamos a medias.
—No me dejen afuera, che —dice sonriendo Enzo—. Sale una napolitana con puré, entonces, ya que somos tres.
***
—¿Cómo estuvo la milanesa, Ubaldo? —pregunta Paco acercándose a la mesa.
—Excelente Paco. No he comido ninguna mejor. Pero…Eso no cuesta lo que hablamos ¿no? —la pregunta incómoda al mozo.
—Ehh…No, no. Es una atención de la casa. ¿Va a pedir un postre o prefiere un café? —Paco intenta desviar la conversación.
—Sería un abuso. Gracias. Le pago entonces —Ubaldo busca en el bolsillo de su pantalón.
—No, no. Está bien Ubaldo. No puede irse sin nada de plata. Como dije es atención de la casa. El total. Otro día pasa y nos paga.
Mientras el anciano le agradece al mozo, ingresa al negocio un hombre con portafolio y se dirige al mostrador. Viste un traje gris de elegante confección. Habla algo con Ramón quien inmediatamente le hace una seña a Paco para que se acerque. Paco se disculpa con el cliente y se acerca al mostrador.
—El doctor Faín pregunta si no vieron al señor Anzovino, el nuevo propietario. Es su abogado —les dice Ramón a Paco y a Enzo.
—No, no —responde Paco—, nadie con ese apellido se contactó conmigo. ¿Y vos Enzo?
—Encerrado aquí en la cocina ¿por dónde va a entrar? ¿Por la chimenea?
El abogado se ríe por la salida del cocinero mientras Ramón se disculpa.
—No, tranquilo, tiene razón —responde Faín—. Es raro porque me escribió que ya estaba aquí.
—Y estoy aquí —interrumpe Ubaldo acercándose al grupo.
Los tres empleados se miran sorprendidos tratando de entender la situación.
—Es que como no habías llegado no me pareció apropiado presentarme solo —continúa Ubaldo dirigiéndose al abogado—. Entonces decidí entrar y sentarme como un cliente. El problema fue que me olvidé la billetera y no tenía ni dinero ni tarjetas.
—Sí, perdón —responde Faín—. Se prolongó demasiado la audiencia, como te escribí.
Enzo es el primero que reacciona de los empleados.
—Mucho gusto Don Anzovino. Soy Enzo. Tengo listo el inventario de toda la mercadería que hicimos ayer con el asturiano. Así le decíamos al anterior propietario. Y aquí está el detalle de lo que se usó hoy. ¡Ah! Y lo que le servimos a usted está anotado a cargo de nosotros tres.
—Llamalo Ubaldo —interviene Paco—. Así me pidió.
—Eso Paco —sonríe Ubaldo—- Llámenme Ubaldo a secas. Enzo, le digo que su milanesa estaba súper. El costo obviamente estará a mi cargo. La verdad, me alegra sobremanera que sean tan solidarios. Son un gran equipo. No necesito ningún inventario. Quien estará en el día a día con ustedes será mi hijo que está volviendo de sus vacaciones el próximo fin de semana. Me falta saber su nombre —dirigiéndose al bartender.
—Ramón, Ubaldo. Mucho gusto.
—¿Qué tal si brindamos con un espumante, muchachos?
Un aplauso cerrado distiende por fin las tensiones acumuladas.
Osvaldo Villalba
01/04/2024
¡Cómo no amarte Buenos Aires si sos la forma de saber quién soy!
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DEUDA PENDIENTE
Este proyecto iba a ser mi primer libro impreso.
El nombre, Cuenta pendiente, sugerido por mi amiga, la poeta y escritora María Eugenia Fernández, Mariu para nosotros, era además del título de uno de los cuentos, lo que me faltaba en mi corta trayectoria de escritor.
Por eso es que aparecen algunos relatos que formaron parte de mi primer libro electrónico Algo para contrar.
No pudo ser, así que decidí, ya que lo tenía armado, editarlo también en este formato.
Mi agradecimiento a Mariu por su Prólogo y a mi amigo, el escritor y poeta Damián Ortega por su Comentario. Ambos son muy generosos en sus apreciaciones.
Lo pueden bajar desde aquí, en forma gratuita, en formato PDF o EPUB.
La deuda sigue pendiente.
¡Cómo no amarte Buenos Aires si sos la forma de saber quién soy!
Hoy escribo porque siempre me gustó y la vida no me permitió hacerlo. Un día encontré el tiempo y descubrí que siempre hay algo para contar.
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